lunes, 12 de octubre de 2009

Alemania, ¿Y ahora qué?

Por Luis Mena.

En el terreno de la anécdota política cabe anotar que, como resultado de las últimas elecciones al parlamento (Bundestag), Alemania tendrá, como hasta ahora, en la próxima legislatura, a una mujer Angela Merkel como canciller (Bundeskanzlerin) y a un homosexual, Guido Westerwelle, como ministro de asuntos exteriores (Aussenminister).


En una ronda de comentaristas de alto copete, un día después de la votación, el redactor jefe del semanario germano de mayor tirada, decía en un programa televisado, a propósito de la opción sexual del futuro ministro de exteriores: "Si tomamos en cuenta lo que les ocurría a los homosexuales en nuestro país hace menos de 70 años, hemos dado un paso de gigantes en el reconocimiento y respeto de los derechos del individuo".

Nada que objetar; los políticos tienen tanto derecho a ejercer su libertad (dentro de la legalidad) en la elección de pareja como cualquier otra persona.

En los campos de la política y de la economía, tan indisolublemente imbricados, el panorama de la Alemania poselectoral no es tan nítido. Con Westerwelle llega al gabinete de la canciller Merkel un considerable refuerzo para el liberalismo económico que muchos comentaristas no dudan en calificar de neoliberal.

¿Por qué el cambio?. ¿Por qué el fracaso de la coalición CDU/SPD (democristianos/socialdemócratas)?. La crisis global ha golpeado también a la próspera Alemania, locomotora económica de Europa. Han cerrado empresas, ha habido, deslocaciones (traspaso de la producción a países de salario bajo) y se ha llegado a cuotas de paro inusuales para el país.

La repercusión del descontento popular ha sido evidente; descenso en los votos a favor de los dos grandes partidos (Volksparteien) y auge de las pequeñas formaciones políticas, la Izquierda (Die Linke) y los Verdes (Die Grünen).

El Partido Liberal FDP ha visto cumplido su sueño de volver al gobierno, después de una larga travesía del desierto. Lo ha hecho con un resultado espectacular que supera todas las previsiones y le permite formar coalición con los democristianos de la canciller Merkel, mermados en proporción de votos pero, como en la legislatura anterior, primera fuerza política en el Bundestag. Esta coalición era la apuesta de la canciller; se sabía, aunque, cauta e inteligente, no lo proclamara públicamente y durante la campaña electoral mantuviese abiertas las dos opciones: continuar la gran coalición con los socialdemócratas o aliarse con los liberales.

El SPD ha sido el gran perdedor; viene decepcionando a sus electores desde 1998 y esta vez, colmado el vaso de la decepción, unos dos millones de antiguos simpatizantes lo han dejado en la estacada. La abstención masiva de "los suyos", no el voto de los adversarios políticos, le ha llevado al desastre. A ello se ha unido la desastrosa campaña electoral de Franz-Walter Steinmaier, ministro del exterior y líder del SPD; un político con el carisma de un vaso de leche tibia, incapaz de arrastrar a las masas, si es que las hubiera habido en los mítines socialdemócratas.

Y ¿ahora?. Una coalición de la economía de mercado y el (neo)liberalismo se verá obligada a lidiar con una situación político-económica provocada precisamente por estos dos mismos factores.

No lo tendrán fácil; el sesudo diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), de gran prestigio en toda Europa, y el populista y hasta populachero BILD ZEITUNG (5 millones de ejemplares diarios) coinciden en pedir ya bajada de impuestos y anulación del salario mínimo interprofesional. Malos tiempos para los mileuristas alemanes que son muchos. Los electores han puesto al zorro (neo)liberal Westerwelle y su partido de los "lobbys", de la gran industria y del mercantilismo radical, a cuidar de las gallinas de la economía germana.

Los analistas políticos anuncian que el nuevo gobierno tendrá que proclamar "sangre, sudor y lágrimas" en el terreno de lo económico.

Esperemos que el buen sentido que ha regido la política alemana en las últimas décadas atempere estos pesimistas pronósticos. A toda Europa le va mucho en ello y, desde luego, a España: en 2008, algo más del 10% de las compras alemanas en el exterior fueron de productos españoles y adquirimos un 11% aprox. del total de sus ventas al extranjero.

Un socio comercial alemán potente y recuperado de la crisis contribuiría en gran medida a aliviar los problemas de las economías continentales.

Luis Mena, Ex Secretario General de la Cámara Oficial Española de Comercio en Alemania. Miembro de la Orden del Mérito Civil Alemán.
Ciutadella de Menorca.

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