martes, 5 de julio de 2011

TENSIONES Y CONTRADICCIONES DEL PROCESO DE CAMBIO EN BOLIVIA

Katu Arkonada*

La Revolución Democrática y Cultural en el Estado Plurinacional de Bolivia atraviesa sin duda un momento de crisis. La reciente publicación de dos documentos contrapuestos quizás es la mejor escenificación de las tensiones, contradicciones y posicionamientos políticos, a veces complementarios, a veces enfrentados entre sí, que vive nuestro proceso.

Por un lado, desde la Vicepresidencia se ha lanzado el documento “Las tensiones creativas de la revolución, la quinta fase del Proceso de Cambio”, escrito por Álvaro García Linera, sobre la base de su discurso el 22 de enero del 2011 en la Asamblea Legislativa durante las celebraciones por el primer aniversario del Estado Plurinacional.

Por otro lado se ha lanzado a la opinión publica el manifiesto “Por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo”, firmado por varios conocidos intelectuales bolivianos, algunos de ellos además referentes por haber ocupado distintos cargos públicos en el ejecutivo de Evo Morales, como Alejandro Almaraz, quien ha sido el mejor Viceministro de Tierras que hemos tenido, o Raúl Prada, ex Viceministro de Planificación Estratégica del Estado.

Una mirada a los dos documentos puede darnos algunas claves para entender la coyuntura actual del proceso en Bolivia y el complicado horizonte que se nos dibuja a todos los y las que nos consideramos militantes del proceso de cambio.

Fases del proceso de cambio

Nuestro Vicepresidente define cinco fases del proceso revolucionario que estamos viviendo desde que en el año 2000 estallara la Guerra del Agua hasta el momento actual, proceso por el que han pasado 5 presidentes en 5 años hasta la victoria de Evo Morales, fases que detallan la construcción de un proyecto común y de una hegemonía nacional popular.

Una primera fase caracterizada por el ciclo de lucha que transcurrió de 2000 a 2003, pues si bien desde años antes se habían dado luchas por la tierra y el territorio en Bolivia, principalmente por parte de los pueblos indígenas del oriente boliviano, germen de la reivindicación de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, es con la Guerra del Agua en Cochabamba, guerra popular profundamente antiliberal y con raíces en las luchas antiglobalización, que se da el primer paso de recuperar una memoria histórica de lucha, una unión de las clases populares y subalternas, campesinos, indígenas, obreros fabriles, estudiantes y clases medias urbanas. Guerra del Agua continuada con la Guerra del Gas, con decenas de compañeros y compañeras muertas por las balas del ejército en las calles de El Alto.

Y en este punto llega una segunda fase, la que va de 2003 a 2008, definida como la del empate catastrófico, en el que tras las decisiones populares en cabildos y asambleas de no tomar el Palacio presidencial mediante la utilización de la violencia política, y la apuesta de utilizar el recurso de la vía institucional, en diciembre de 2005 un indígena y el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos llegan al gobierno, aunque como se vería después, tomar el gobierno no equivalía a tomar el poder. Poder que seguía estando en las mismas manos de siempre, de una derecha política, económica y mediática que utilizo todos los medios a su alcance, violentos y golpistas, para tratar de ganar mediante métodos fascistas lo que había perdido en las urnas.

La tercera fase definida por García Linera es la que, en paralelo a la segunda, se inicia el 22 de enero del año 2006 cuando Evo Morales Ayma es declarado Presidente de la República de Bolivia. Es la fase en la que la capacidad de movilización es convertida en presencia estatal gubernamental. La contradicción antagónica de un gobierno controlado por los subalternos y un poder de Estado dominado todavía por las clases dominantes nos sumerge en una fuerte dinámica de confrontación. Y aunque García Linera no se adentra en la cuestión, esta fase es la de la transición del estado republicano y colonial al Estado Plurinacional mediante la convocatoria y desarrollo de la Asamblea Constituyente en Sucre.

Nos adentramos en la cuarta fase, la del punto de bifurcación, y esperemos que de no retorno. Ante el choque y confrontación de dos bloques antagónicos, la derecha es derrotada política y militarmente (después llegaría la derrota electoral en diciembre de 2009 cuando Evo revalida su mandato con el 64% de los votos). No podemos olvidar a nuestros hermanos y hermanas sometidas en Sucre a humillaciones racistas en mayo de 2008, la quema de instituciones estatales en el oriente boliviano y la masacre de campesinos el 11 de septiembre de ese mismo año en Pando. La captura de un grupo terrorista de ex mercenarios de la guerra en Yugoslavia en abril de 2009 o la presentación como candidato de la derecha a Vicepresidente del propio prefecto de Pando encarcelado como autor intelectual de la matanza de campesinos hizo el resto para terminar de desarticular el proyecto político racista de la derecha.

Y así llegamos a la quinta fase del proceso de cambio, la actual, la que el Vicepresidente García Linera define como la de las tensiones creativas, contradicciones secundarias (Mao las definía como contradicciones en el seno del pueblo) pero también creativas que son (si se manejan de manera adecuada) motor del proceso de cambio. Contradicciones y tensiones que giran alrededor de la caracterización, velocidad y profundidad del proceso de cambio. Se nos definen cuatro tensiones dentro de esta quinta fase que repasaremos a continuación.

Tensiones creativas

La primera de las tensiones está referida la tensión entre Estado y movimientos sociales. Esta tensión es probablemente la más compleja de todas las que se analizan. Lo primero porque exige una distinción entre Estado y gobierno, lo segundo porque sin atrevernos a definir en este momento si este es el Gobierno de los Movimientos Sociales, en cualquier caso sí que los movimientos sociales y pueblos indígenas, tanto sus bases como su dirigencia, asumen como suyo este gobierno.

La segunda de las tensiones, enlazada con la primera, es la de la flexibilidad hegemónica frente a la firmeza en el núcleo social. Es decir, la necesidad de un nuevo mapa de alianzas políticas para construir hegemonía, pero manteniendo la conducción del proceso en manos de las clases plebeyas. Sin embargo habría que preguntarse si los últimos acontecimientos y decisiones, como la introducción de 2 artículos en la Ley de Revolución Productiva que dan entrada libre a organismos genéticamente modificados en medio de las declaraciones positivas del agronegocio cruceño, o el proyecto de ley que legaliza todos los autos ilegales (más de noventa mil registrados hasta el momento) promovido por senadores del MAS pero en la que se dan una mezcla de intereses legítimos de sectores populares con una serie de intereses de mafias ligadas al contrabando, contribuyen a construir una hegemonía nacional popular u otro tipo de hegemonía que puede poner en peligro el rumbo de nuestro proyecto político.

La tercera tensión es la que se da entre los intereses generales, y los intereses particulares y privados. Es cierto que después de las reivindicaciones colectivas del ciclo de lucha que permitieron a Evo Morales y el MAS llegar al gobierno, después del cumplimiento con más o menos matices de la Agenda de Octubre, nacionalización y convocatoria de la Asamblea Constituyente, los movimientos se han replegado y han pasado a reivindicar demandas más sectoriales. Pero el análisis es más complejo de lo que parece, el que las reivindicaciones sean territoriales o sectoriales no nos puede hacer pensar que son particulares. Tampoco podemos olvidarnos de un año 2010 donde la acumulación de contradicciones (marcha de la CIDOB en oriente, conflicto con colonizadores muertos por la policía en Caranavi, las tres semanas de bloqueo en Potosí, etc.) terminaron con una respuesta popular que obligo a derogar el decreto 748 de nivelación de precios, más comúnmente llamado gasolinazo.

La cuarta de las tensiones es la referida al Socialismo Comunitario del Vivir Bien. Es decir, industrialización versus Madre Tierra. Probablemente la más importante de las contradicciones que vive nuestro proceso de cambio, como lograr una industrialización y un desarrollo para un país saqueado y esquilmado de todas sus riquezas, sin prácticamente industria, a la vez que esto se da en armonía con la Madre Tierra y bajo el horizonte del Vivir Bien. Aquí debemos discrepar con el Vicepresidente en cuanto a que Vivir Bien sea utilizar la ciencia, la tecnología y la industria para generar riqueza, por mucho respeto a la naturaleza que haya en este proceso. Vivir Bien en estos momentos supone construir un nuevo proyecto político sustentado en pilares como la descolonización o despatriarcalización, que desarrollen el Estado Plurinacional, que nos introduzcan en otras lógicas, en las que quizás no salgamos del sistema mundo capitalista, pero si nos permitan construir una transición hacia otro modelo económico.

Teniendo presente esta tensión, no podemos caer en los turbios movimientos que se dan en algunos sectores para profundizar las brechas coyunturales que surgen por esta dinámica de contradicciones entre gobierno y movimientos. Es legítimo la disputa política y el marcaje férreo en la defensa de nuestra Madre Tierra, pero no cuando esa defensa se da buscando divisiones al interior de las ejecutivas de las organizaciones, o entre las organizaciones y el gobierno, por medio de plataformas u organizaciones como LIDEMA (Liga de Defensa del Medio Ambiente), financiada por el programa PL-480[1] de USAID, la Agencia Internacional de Desarrollo de los Estados Unidos, agencia que se ha demostrado varias veces operadora de los intereses del Departamento de Estado y que en Bolivia realiza acciones de espionaje ante la ausencia del embajador y su cuerpo diplomático, expulsados en 2008.

Reconducción junto al gobierno o frente al gobierno

En esta coyuntura es donde se ha lanzado a la opinión publica el manifiesto[2] “Por la reconducción del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo” en el que se hacen una serie de críticas al gobierno basadas en cuestiones económicas, como que a pesar de la nacionalización las transnacionales siguen en poder de nuestros campos hidrocarburiferos, que se está financiando al capital internacional con nuestras reservas internacionales (en niveles altísimos por encima de los diez mil millones de dólares), reforzándose así mismo el modelo extractivista mientras se sigue acumulando deuda multilateral.

En el manifiesto se lanzan además graves acusaciones políticas como la violación de la Constitución Política del Estado, el giro autoritario del gobierno y el abandono de la construcción del Estado Plurinacional. A la vez, el manifiesto lanza una serie de propuestas sin mucho contenido político, o precisamente con tal alto contenido que lleva a la ambigüedad y con las que todos y todas podemos estar de acuerdo, defensa de la Constitución, de la participación, ejercer la interculturalidad, construir el Estado Plurinacional comunitario y autonómico.

Sin embargo ninguna de las anteriores ocupa el primer lugar en el listado de propuestas con la que termina el manifiesto, sino que este lugar le corresponde a la conformación de una Coordinadora Plurinacional de Reconducción, lo cual se parece sospechosamente a algún tipo de articulación política, quizás no (todavía) la creación de un nuevo partido político, pero si un movimiento que tiene ya reuniones programadas, primero en Cochabamba, y después en otros departamentos, prácticamente definiendo como traidor al gobierno, impulsando una política frentista que no construye, sino todo lo contrario.

La autoría del manifiesto tiene una homogeneidad en cuanto a su composición, clase media, urbana, de un ámbito intelectual, lo cual es muy legítimo, pero con una heterogeneidad en cuanto a posiciones políticas, desde compañeros que han sido parte institucional de este gobierno, a otros que están enfrentados a él desde hace varios años. En cualquier caso, y aunque se ha buscado, no ha contado con la firma de movimientos sociales ni colectivos urbanos que están en posiciones críticas con este gobierno pero con una lealtad al proceso de cambio que les lleva a plantear su crítica al interior y no al exterior en una actitud que además es alimentada por algunos medios de comunicación e intereses de la derecha.

Además, ya ha provocado algunas pequeñas divisiones al interior de las organizaciones, lo cual es bien peligroso. Es de resaltar la actitud de madurez política del CONAMAQ planteando[3] que siempre ha tenido una posición crítica frente a las acciones gubernamentales, pero considerándose a la vez guardián del proceso de cambio que construyen los movimientos indígenas desde antes de la Asamblea Constituyente y que ahora coyunturalmente dirige Evo Morales.

Todo esto además solo puede llevar a un repliegue de filas oficialistas, un cierre de los espacios de reflexión y crítica interna, en perjuicio de los compañeros y compañeras que al interior del ejecutivo, están trabajando y peleando por construir el Estado Plurinacional bajo el horizonte del Vivir Bien.

Como encarar la transición

Estamos viviendo un tiempo histórico, una transición hacia otro modelo, modelo en construcción, además de en disputa. No puede haber propuestas alternativas de ningún lado que no profundicen en una plurinacionalidad descolonizadora, en el pluralismo democrático, jurídico, cultural lingüístico, etc. que ofrece nuestra Constitución. Transición en la que, y aquí volvemos a coincidir con el Vicepresidente, el modelo alternativo de generación y distribución de la riqueza es el de la economía plural con liderazgo estatal en los sectores estratégicos de generación del excedente.

En estos momentos es urgente un mayor acercamiento entre gobierno y movimientos, no solo a nivel de dirigencias, legítimamente elegidas, sino especialmente con las bases. Debemos convertir de nuevo al MAS-IPSP en el instrumento político de los pueblos, implementándolo territorialmente, abriendo mayores cauces de participación y debate para construir desde adentro, para una real construcción del proceso de cambio también desde las bases y los sectores populares y no solo desde el gobierno, con lealtad al proceso de cambio, pero también con una mirada crítica sobre la burocracia, tecnocracia, peguismo, corrupción, y porque no decirlo también, la derecha instalada en nuestro gobierno, a la que hay que combatir siempre, aunque sin hacerle el juego a todos los que están esperando y operando para convertirse en alternativa electoral en 2014. Alternativas electorales con las que nunca, bajo ninguna circunstancia, vamos a profundizar y mucho menos radicalizar el proceso de cambio.

Propuestas desde la reflexión son urgentes y necesarias en estos momentos, ahora es cuando. No podemos desaprovechar este momento histórico, incluidas crisis, tensiones y contradicciones, debemos valernos de ellas para avanzar, construir y profundizar una transición bajo otro horizonte político y civilizatorio, el horizonte de la descolonización y el Vivir Bien.

*Militante del proceso de cambio

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