viernes, 29 de junio de 2012

Bolivia: ¿De amotinamiento policial a golpe de Estado?

Por Rafael Puente

La zozobra vivida esta semana con el amotinamiento de los policías merece un análisis sereno; no creo que hayamos ganado nada alarmando al mundo con la noticia de que en Bolivia se preparaba un golpe de Estado y provocando declaraciones de solidaridad que a todas luces resultaban desorbitadas. Veamos con calma:

El viejo problema de la Policía

Que nuestra institución policial no está a la altura de su misión no es novedad, que la opinión pública la considera ineficiente y corrupta es cosa sabida, que se requiere una urgente transformación de la Policía me consta que era una preocupación de nuestro Presidente el mismo año 2006. Lo incomprensible es que en estos seis años largos no se haya avanzado en esa transformación (como no sea en cambios de nombre, de PTJ a FELCC, o de Anapol a Unipol). Y no podemos olvidar que parte de esa transformación debió ser siempre la mejora de las condiciones salariales de nuestros policías (que por ejemplo en muchas cárceles viven peor que los internos). Y desde luego no nos debe sorprender que desde las bases policiales la demanda no apunte a las transformaciones estructurales, sino a sus mejoras salariales y de equipamiento.

Pero una vez más hemos visto cómo nuestro Gobierno ha dejado que un viejo problema vaya creciendo y fermentando para alarmarse recién cuando explota. ¿Dónde quedó la política de los primeros años que consistía en prevenir conflictos y buscar soluciones rápidas y negociadas? Primer punto a reflexionar.

El oportunismo de la oposiciónLo vemos todo el tiempo, las fuerza opositoras -sean de derecha o de ultraizquierda- están constantemente dispuestas a aprovechar cualquier conflicto social para agudizarlo y así crearle problemas al Gobierno. En cuanto salieron los dirigentes del magisterio paceño en defensa de los policías -y peor cuando salió ese personaje llamado Jaime Solares- estaba claro que el Gobierno tendría la tentación de echarle la culpa de la movilización policial a maniobras de la oposición, tentación que llegó al extremo de denunciar internacionalmente un plan de golpe de Estado.

Para empezar, aunque los policías lo hubieran querido no habrían podido dar un golpe, no estamos en Paraguay ni en Honduras. Cierto que a más de un grupo opositor le habría gustado que el conflicto degenerara en golpe, pero no debemos convertir a la oposición -que sabemos políticamente débil, dividida y carente de todo proyecto- en la diabólica causante de todos los conflictos sociales. Somos nosotros quienes revolvemos el río y hacemos posible la ganancia de pescadores. Identificando a tiempo el problema policial, midiendo serenamente su magnitud y su razón, y sobre todo negociando cuanto antes, dejaríamos a la oposición con las ganas de perjudicar.

¿Recuerdan el amotinamiento policial del año 2006? Nadie habló de golpe, sino que se negoció rápida y eficientemente, y no pasó nada. Reconozcamos que la alarma fue una desmesura y que si la repetimos nos va a pasar lo mismo que al pastorcito mentiroso (el del cuento).

La soluciónLa solución del conflicto ha sido simple, yo diría que decepcionante, un incremento salarial de 100 bolivianos -que no es lo único pero sí lo principal- puede considerarse humillante (como lo dijo desde Tarija una esposa de policía), pero en todo caso ha resultado suficiente, digamos que por el momento. ¿No se podía haber tomado esta solución al principio? Y otra pregunta: ¿Sabe alguien de un golpe de Estado que se haya podido conjurar tan fácilmente?

Pero no olvidemos que la solución definitiva está por hacerse. La institución policial también requiere una auténtica refundación, porque (como le oí decir un día a un capitán que me pareció muy respetable) “en cuanto se sale de la Academia se respira un ambiente contaminante del que es muy difícil salvarse”. En todo caso, mientras esa refundación no se dé, no parece lógico el razonamiento (que también escuché durante estos días) de que “puesto que no sirven y son corruptos, que se mueran nomás de hambre”. Ciertamente no es la solución.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba



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