viernes, 9 de agosto de 2013

Chile: Las amenazas financieras de la economía chilena

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Economista

Como a toda América Latina, la recesión se avecina también a Chile. El ministro de Hacienda de Piñera ya está llamando a “apretarse los cinturones”. El Fondo Monetario Internacional, CEPAL, Banco Mundial están corrigiendo sus pronósticos optimistas hacia abajo. Después de una época de abundancia de recursos, reaparecen aquí los déficits fiscales. Lo que está por venirse abajo es la cortina de humo que la especulación financiera internacional tendió sobre la debilidad económica de los países de la región.
En Chile, las alabanzas al modelo de inserción a la economíamundial han llegado a lo caricaturesco. El inefable Alejandro Foxley escribía hace poco que el “camino escogido por la mayor parte de los países de América Latina para dinamizar sus economías, con apertura comercial y TLC con algunos de los socios más relevantes, ha sido un buen punto de partida para un desarrollo más potente a futuro”. (Cieplán 2013, Desafíos Post Crisis Para América Latina). Sobre la insostenibilidad de las relaciones financieras no dijo una sola palabra.
Pero Foxley y su gente están atrasados. En otros lugares, donde la crisis ya golpea fuerte, se vislumbra el viraje. En lo que promete ser uno de los más brutales estrangulamientos financieros de la economía chilena, el Banco Central de Chile ahora reconoce una oportunidad “para la normalización de las condiciones de financiamiento externo” (Informe Estabilidad financiera, 2013), queriendo decir que la reducción de recursos externos es inminente. Aparentemente, la escasez es más manejable que la abundancia. Hasta ahora se había venido sosteniendo exactamente lo contrario.
¿Qué pasará si el contexto económico de Chile se sigue empeorando? Si las tasas de interés vuelven a niveles “normales” en EE.UU. y Europa, como es previsible, en Chile como en otros países “emergentes”, las tasas de tasas subirían más que proporcionalmente. Millones de deudores serían afectados. Los bonos públicos y privados caerán, con la consecuente disminución de la calificación de riesgo y el encarecimiento del crédito.
Dada la estructura financiera de Chile, la reducción de recursos externos podría tener consecuencias devastadoras, tanto para el sector empresarial, como para los hogares y consumidores en general. La situación de la balanza de pagos se ha tornado precaria. En 2009, el saldo positivo en cuenta corriente fue de 3.500 millones de dólares americanos; en 2012, se pasó a un saldo negativo de 9.500 millones. Con una cuenta de capital equilibrada, eso significó que la capacidad de financiamiento del país pasó de una cifra positiva a un profundo déficit. (Véase cuadro 4.1. Boletín Bco. Central.
La cuenta financiera del país también pasó de un saldo positivo de 4.200 millones en 2009 a un saldo negativo de 10.000 millones de dólares en 2012. El reflejo es el endeudamiento externo total del país. Este subió de 71 mil millones de dólares en 2009 a 120.000 millones en 2012, lo que equivale a un 43,2 por ciento del PIB. Tan sólo la deuda externa de los bancos aumentó de 16 mil a más de 23 mil millones de dólares.
Aparentemente se cuenta con 41 mil millones de reservas internacionales. Cualquier inversionista externo puede calcular, sin embargo, que eso le garantizaría por muy poco tiempo la retirada de Chile de su capital.  Tan sólo las rentas de los capitales externos invertido en el país pasaron de 1.500 millones de dólares  en 2009, a 14.600 (2010), 14100 (2011) y 12.700 millones en 2012.
No sólo el comercio exterior, sino todo el sistema crediticio del país está colgando de los débiles hilos del flujo de capital financiero externo. Sin estos recursos externos (crédito e inversiones), no sólo las finanzas externas de Chile, sino también las internas, se desploman en poco tiempo.
Chile abrió la economía a un proceso de financiarización indiscriminada, de acumulación financiera y de endeudamiento masivo, con pobrísimos resultados en la economía real.  De hecho, entre 2009 y 2012 los activos financieros pasaron de 560 mil millones de pesos a 720 mil millones, o sea, crecieron en cerca del 30 por ciento. Pero la formación bruta de capital fijo ha caído a un miserable 9,8 por ciento el PIB. La “productividad” del crecimiento financiero y del endeudamiento ha sido pobrísima. (ibid., cuadro 1.1.).
¿Qué pasará si el contexto económico de Chile se sigue empeorando? Si las tasas de interés vuelven a niveles “normales” en EE.UU. y Europa, como es previsible, en Chile como en otros países “emergentes”, las tasas de tasas subirían más que proporcionalmente. Millones de deudores serían afectados. Los bonos públicos y privados caerán, con la consecuente disminución de la calificación de riesgo y el encarecimiento del crédito. En EE.UU., Europa, Japón y China, los respectivos bancos centrales han apoyado el gasto y consiguiente endeudamiento público y sostenido la viabilidad de la banca privada a través de programas monetarios expansivos o “acomodaticios”. Nada de eso podría hacer un Banco Central de Chile. La crisis bancaria podría alcanzar dimensiones que dejarían como ronda infantil la crisis de los años 80 bajo Pinochet, que por salvar algunos bancos privados, mantuvo al país en una depresión por casi un decenio.
En Chile como muchas otras naciones latinoamericanas que despilfarraron la oportunidad de buscar alternativas a la financiarización creciente de su economía, habrá necesidad de una restructuración del sistema financiero, especialmente de los bancos, tal como sucede en los países del centro capitalista. Es de esperar que la cuenta no la paguen, como está sucediendo allí, sólo los más pobres.

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